Sobre Fernando Durao: 35 años de Cerámica de Autor en Buenos Aires

«Soy Fernando Durao, ceramista y alfarero profesional. Desde mi taller en Buenos Aires, me dedico a la creación de cerámica de autor y piezas escultóricas únicas en gres. Con más de tres décadas de oficio, mis obras han sido elegidas por referentes del interiorismo argentino y expuestas en espacios como Casa FOA, priorizando siempre la pureza de la forma y el diseño.»

fernando durao ceramista

El primer encuentro con el torno alfarero

Alrededor de mis 12 años, conocí un taller de cerámica. Mis padres, siempre inquietos por acercarme a las distintas artes, dieron con un ceramista aficionado cerca de donde vivíamos. Al ingresar al taller, lo primero que vi fue a alguien trabajando en el torno. A partir de ese momento, quedé impactado por lo asombroso de la transformación del material. Claro que entonces no sabía lo trabajoso y persistente que debía ser para lograr, al menos, dominar la arcilla.

Eran tiempos donde no existía la inmediatez de la información y el entretenimiento de hoy. Quizás el hecho de aburrirme fácilmente en aquellos años me llevó a buscar en la cerámica, la música o la pintura un refugio para no caer en la tan temida frase: «¡Estoy aburrido!»

De Chacarita al mundo infinito de la arcilla

Comencé a tomar clases en un taller en Chacarita, Buenos Aires. Viajaba en colectivo todos los sábados por la mañana, casi una hora de ida y otra de vuelta, solo para sumergirme dos horas en un universo mágico pero desconocido. Cuando pensaba que el torno era lo que más me gustaba, descubrí las distintas arcillas, los tipos de horneadas, los esmaltes… ¡la química! Este mundo es infinito, pensé. Y lo es.

Luego vino la escuela de cerámica. Pasé algunos años conociendo a muchas personas y distintas miradas sobre el oficio, mientras ya modelaba y vendía mis primeras piezas.

El aprendizaje real: Años de prueba y error

Pero la realidad es que donde más aprendí fue en el trabajo diario. Días, meses y años de pruebas constantes durante toda mi adolescencia. Fue trabajando donde más disfruté y donde cometí infinidad de errores (algunos muy interesantes) que me sirvieron para encontrar lo que quería hacer en ese momento: jarrones, teteras, tazas y de todo un poco.

La producción en serie y la necesidad de volver al origen

A principios de los 2000, comencé a fabricar vajilla a escala mediana. Diseñaba y posteriormente mandaba a realizar la matricería y moldería para lograr más rapidez en la producción, pero siempre manteniendo el enfoque en el diseño.

Esta etapa, aunque de gran aprendizaje, no fue del todo satisfactoria y duró hasta el 2015 aproximadamente. El trabajo en serie logró alejarme del placer de modelar la arcilla. Con el tiempo, me sentí desconectado, con la sensación de estar desvalorizando el material y el oficio ceramista.

Por suerte, nunca dejé el torno por mucho tiempo. ¡Eso me mantuvo vivo en la cerámica! Esto no significa que hacer muchas piezas iguales esté mal; simplemente, a mí no me hacía bien.

Existe un instante en el trabajo con el barro donde me siento en el momento y lugar perfecto. Es algo difícil de explicar, pero muy fácil de reconocer cuando sucede.

Transmitir el oficio: La docencia y la investigación

Impulsado por esa necesidad de reconectar y por los vaivenes económicos del país, decidí cerrar la producción en serie y enfocarme en dar clases, algo que ya había intercalado con mi trabajo. Fue y es algo que me da muchísima satisfacción: poder transmitir lo que aprendí en casi 35 años de trabajar la arcilla.

En los ratos libres en el taller, bocetaba y practicaba intensamente. Y cuando digo intensamente, me refiero a hacer varias piezas de las cuales casi la totalidad eran desechadas. La práctica, la paciencia y la persistencia son partes importantísimas de mi trabajo.

En cada horneada que hacía para mis alumnos, investigaba distintas fórmulas para lograr ese color y textura únicos que hoy utilizo. Esa investigación de prueba y error, tanto en las piezas como en los esmaltes, me llevó unos tres años. Es parte de la identidad que siempre busqué para mi obra.

El nacimiento de mis colecciones de cerámica de autor

Hoy estoy profundamente conforme con los resultados, especialmente con la colección que decidí llamar «Unikas Black».

Cada pieza es verdaderamente única. Utilizo distintas cantidades de arcilla para un diseño que decido en el momento, buscando que formas aparentemente incompatibles se unan de manera armónica. Cada obra es tratada individualmente, pero pensada para dialogar en grupo.

Lo más fascinante de este proceso es que las personas que compran mis piezas les dan su propia mirada. Las conjugan de formas que nunca se me hubieran ocurrido, logrando resultados únicos en sus espacios. Es inmensamente gratificante recibir fotos de mis clientes mostrándome cómo mis obras transforman sus ambientes.

La improvisación como método

La improvisación es, hoy por hoy, mi tarea más agradable. Quizás la arcilla sea el material más simple y a la vez excéntrico que conozco. Y, como suele sucederme, siempre tiene algo nuevo para sorprenderme y enseñarme.

Actualmente, sigo investigando con nuevas arcillas y colores que espero presentar muy pronto.

Gracias por tomarte el tiempo de leer parte de mi recorrido como ceramista y alfarero. Pronto compartiré novedades sobre los nuevos trabajos que nacen cada mes en el taller.

Si deseas conocer mi trabajo actual, te invito a conocer mis colecciones